Edificio España

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Edificio España

1953· Arq. Julián Otamendi
Plaza de España 19, Madrid

Con su imponente silueta escalonada de 117 metros de altura y 27 plantas, el Edificio España domina el frente este de la Plaza de España como uno de los iconos urbanos más representativos del Madrid de mediados del siglo XX.

Proyectado por el arquitecto Julián Otamendi y el ingeniero José María Otamendi para la Compañía Inmobiliaria Metropolitana, comenzó a construirse en 1948 e inauguró sus puertas en 1953. En su momento, ostentó el título de la estructura de hormigón armado más alta de Europa y el rascacielos más elevado del país, distinción que mantendría durante solo cuatro años, hasta que en 1957 fue sobrepasado por su vecina la Torre de Madrid, ideada por los mismos autores.

Desde el punto de vista arquitectónico, el inmueble sintetiza el lenguaje historicista de los primeros años de la dictadura franquista con la volumetría de los grandes rascacielos norteamericanos. Su fachada simétrica evoca el estilo neoherreriano en la rotundidad de sus bloques de ladrillo y piedra, mientras que su decorada portada añade matices neobarrocos. Su diseño interior original rendía homenaje al Art Déco.

Concebido como una especie de “ciudad vertical autosuficiente”, sus más de 77.000 metros cuadrados agrupaban una red de 32 ascensores que daban acceso al Hotel Plaza, a 184 viviendas, oficinas y galerías comerciales.

A lo largo de su trayectoria, el edificio ha sido testigo de profundas metamorfosis: Tras décadas de esplendor y posterior abandono, su titularidad pasó de Metrovacesa al Banco Santander en 2005, y fue adquirido en 2014 por el grupo chino Wanda, cuyo intento de desmantelar la fachada protegida desencadenó una intensa controversia patrimonial.

En 2017 fue comprado por el Grupo Baraka y vendido en el mismo día a RIU Hotels & Resorts, que lo sometió a una ambiciosa restauración.

Durante las obras de remodelación, su exterior lució la lona publicitaria más grande del mundo, reconocida con un Récord Guinness.

En 2019 reabrió sus puertas como el Hotel RIU Plaza España, recuperando la majestuosa esencia de su vestíbulo y su papel vital en la vida madrileña.

El Cine Doré se levanta en el terreno que desde 1552 ocupaba el Hospital de San Juan de Dios y que funcionó hasta finales del siglo XIX.

Con el cambio de siglo, la Diputación Provincial de Madrid sacó a concurso el solar, siendo uno de los requisitos que fuera una instalación de carácter provisional. La explotación fue adjudicada al empresario Mariano Tejero Ruiz, que decidió darle un uso recreativo, levantando un modesto parque de atracciones y locales comerciales.

Tejero subarrienda parte del terreno a los empresarios catalanes Pedro Llobet y Arturo Carballo, quienes instalaron un negocio de “cinematógrafo y variedades”, una especie de barraca con estructura de hierro y tabiques de ladrillo, que tenía capacidad para 1.250 espectadores entre el patio de butacas, el anfiteatro y los 14 palcos laterales.

La transformación de esta estructura temporal en el edificio que conocemos en la actualidad comenzó a llevarse a cabo en 1921, cuando el arquitecto Críspulo Moro construyó el edificio ya con decoración, incluyendo la fachada modernista con esgrafiado de motivos vegetales que es la seña de identidad del Doré.

En 1923 la intervención de Manuel López-Mora añadió una planta adicional para acomodar a un mayor número de espectadores y redistribuyó los palcos.

(En 1926 la zona comercial y de atracciones también pasó a tener una estructura más estable convirtiéndose en el que hoy conocemos como Mercado de Antón Martín.)

El Salón Doré, al que los vecinos se referían coloquialmente como “el palacio de las pipas”, continuó funcionando como cine hasta 1963, fecha en que cierra.

Durante dos décadas estuvo abandonado y llegó a tener un estado ruinoso, incluso estuvo a punto de ser derribado para construir un parque en su lugar.

Gracias a la lucha de vecinos y artistas, no sólo se salvó sino que en 1982 el Ayuntamiento de Madrid compró el inmueble y firmó un acuerdo con el Ministerio de Cultura, al que cedió su explotación.

El edificio fue sometido a una cuidadosa restauración íntegra llevada a cabo por Javier Feduchi Benlliure, y desde 1989 funciona como sala de proyecciones permanente de la Filmoteca Española.

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